Estos no son poemas

No es un poema lo que hoy escribo desde esta habitación fría y sin sentido que digo llamar Hogar
No es un poema puesto que nunca he sido bueno para escribirlos, a mi parecer, todos deberían rimar
No es un poema y sin embargo puede confundirse con uno, la cacofonía y una que otra rima aparecen en él
No es un poema aunque trate de amor o sentimientos que atormentan al ser humano
No es un poema pero se escribió con el mismo ahínco que los más inspirados poetas sintieron un día 
No es un poema pero es para tí
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Quise ensortijar tus cabellos enmarañarlos: desordenarlos, peinarlos, volverlos a desordenar.
Quise reir junto a tí, simplemente reir hasta que nos doliera la barriga
Sin embargo. Siempre llega la calma y con ella el desazón

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La lluvia canta sobre los tejados
El pecho se hincha de melancolías
Ha llegado el invierno, y es dichoso
Quien tranquilo se sienta a ver pasar la lluvia.
Pensar y hundirse en ojos ajenos
Taparse la lluvia con un cuaderno
Anhelar la caricia de una sonrisa
Y al final sólo quedan zapatos mojados

Volver a crear

Si pudiera devolver el tiempo, lo haría, e intentaría no ser tan bastardo como lo fui en ese entonces, si encontrara la manera de enmendar los errores sin que te quedara el rencor latente dentro de ti, créeme que regresaría, puedes estar segura de ello.


Pues si bien no fui el mejor, ni el más guapo, ni el más adinerado, pero lo intenté con lo mejor de mi ser...puede no parecerte mucho, pero nunca me caractericé por ser notablemente estupendo en algo, tan sólo miraba las plantas y animales morir de sed, como aquel indio de aquel cuento que tanto te gusta.

Y como el indio del cuento, pedía tiempo, pero al parecer el tiempo no es algo de lo que dispones como para estar dándolo al siguiente idiota (ha de haber un primero y no fui yo, lo sabes bien) que pasa por tu vida, y por eso entiendo que te hayas alejado de mi, pues estaba seco como el paisaje.

Aún recuerdo los detalles de tu habitación, el perfecto desorden que reinaba en ella, el meticuloso apilamiento de porquería, en fin, eras la reina del desorden y ejercías el cargo a conciencia.





Madrugada


Los minutos parecían horas, las horas días y los días años, sin embargo, esperé con paciencia.

Esperé tener una oportunidad, una puerta, un resquicio por el cual entrar y como un ladrón robar algo que no me pertenecía, sin embargo nunca pensé que una vez dentro, no tendría salida y me quedaría atrapado a mi suerte.

Atrapado con las inseguridades, los problemas del diario vivir que se acumulaban, las miradas perdidas, los suspiros melancólicos, las madrugadas frías y silenciosas llenas de pensamientos negros, el miedo a tropezar y no ser capaz de levantarse, con las palabras que se negaban a salir por temor a sonar falsas, con la ira, el rencor, la venganza, la falta de carácter, la mentira.

Atrapado con los demonios de un pasado que se niega a morir, y en su lucha por sobrevivir desgarra, aplasta y   destruye.


Desperté sobresaltado cuando el reloj marcaba las 2:00am


-La madrugada era fría, silenciosa, inerte- 

  



Soñar despierto

Al comienzo siempre fuimos solamente tú y yo. 


El tiempo no decía nada, simplemente apresuraba su hora pues no le gusta ver a las personas pasarla bien, poca gente lo sabe, pero el tiempo es un desgraciado y por eso corría cuando nos divertíamos juntos.

El sol, en el equilibrio místico que permitió el florecimiento de la vida, no se paró a vernos, simplemente siguió con su travesía a través de la bóveda celeste.

El pasto, estirándose para abrazar el cielo, no se quejaba cuando nuestras sombras interrumpían su suministro energético, agradecía más bien el breve descanso que le dábamos al líquido de sus hojas.

La tierra, en cuyo cuerpo nos fundiremos un día al completar nuestro ciclo de vida, se mostró generosa cuando  regamos las semillas de los frutos que ella misma nos brindó.

La lluvia, cansada de caer en regiones despobladas, se alegró de ser recibida por unos rostros que miraban al cielo a pesar de las nubes grises que lo cubrían.

La brisa, en su cabalgata infinita por la superficie de la tierra, se acercó a jugar con las hojas y flores que descuidadamente caían al suelo.

El mundo, desde afuera, nos veía como seres intangibles, inexistentes  a su concepto de existencia; sin embargo, existíamos...y que bien que lo hacíamos no? 

Una risa juvenil rompió el silencio, el hechizo, el sueño

Al final, solamente fui yo